Historias de una extremeña en sudáfrica

femeniname para cronicas pretorianas
Hoy abrimos una nueva sección que se llama mujeres con experiencias. Inauguramos la historia de Lupita, risueña, atrevida, incansable viajera y buscadora de grandes vivencias.

Su camino ha sido de Extremadura a Madrid, a USA donde conoce a su pareja, un californiano llamado Jeff, tienen a su hija Sofía, a Madrid (tienen a Lucas) y hace un año Sudáfrica (Pretoria). Por ahora Lupita no aparca en ningún sitio, la siguiente parada es quién sabe …

Hoy compartimos sus CRONICAS PRETORIANAS:  aventuras y desventuras, con un toque de humor, de una extremeña en Sudáfrica.

19 de Octubre de 2011

Gracias, entre otras cosas a Hollywood,  cualquier ciudadano de a pie se siente bastante familiarizado con el resto del mundo. Por Platoon y Nacido el 4 de Julio pensamos en Vietnam e imaginamos a la gente con esos sombreritos triangulares de paja tan monos, yendo por los caminillos entre arrozales.  ¿Quién no piensa en Memorias de África sin que le venga a la mente esa sabana al atardecer con sus cebritas y sus elefantitos tan idílicamente a contra luz? Y de fondo esa  musiquilla hortera “Nana,nanananaaaaaaaaaaaaaaaaana”.

Eso sí, ni Hollywood, ni el National Geographic, ni ningún libro respetable,  te preparan para el choque cultural.  No hablo de esas cosillas, como las genuflexiones cuando te dan las gracias, tipo reina de Inglaterra. O esa especie de corte de manga que hacen cuando les das algo en la mano que tanta gracia me hacen.

Vivir aquí, hasta ahora me está encantando. Pero como todo tiene un lado positivo y otro, que no lo es tanto. Nuestro entorno es tan similar a Europa que te haces la  ilusión de que sigues viviendo, más o menos igual, tu día a día.  De vez en cuando,  voy descubriendo estas pequeñas diferencias culturales que me recuerdan  que estoy en África, que el Apartheid sigue aun bastante latente  y que no todos somos ni remotamente iguales.  Como es lo que más me afecta, hoy os hablo de las diferencias entre los sexos.  Y de paso, aprovecho para dedicar esta crónica, a todas las mujeres que he tenido la suerte de cruzarme en la vida. En especial, a las de mi familia. ¡Va por ustedes, maestras!
La constitución dice que aquí todos son o somos iguales sin distinción de raza, sexo o creencias. Pero se suelen aplicar lo que yo llamo, costumbres ancestrales (y casposas). Por ejemplo, en el 2009 se aprobó un decreto de ley que hace posible la poligamia de facto, pues es una tradición ancestral de las tribus de África.  El actual presidente, Zuma, presume públicamente de sus catorce mujeres.

Una piensa:  Mirándolo por el lado positivo, ¡mira qué bien!. ¡Te coges un marido de tu edad para formar una familia, y uno 15 años más joven para los fines de semana!  ¡Qué listas las Sudafricanas, oye! Luego te enteras de que sólo se les permite a los hombres.  La idea del mancebo cachas de los findes se esfuma y se sustituye por cuatro mujeres cargadas de críos en uñas unas con otras. Y ya no te parece tan curioso.  Ni las sudafricanas tan listas.

Después me cuenta la chica que trabaja en casa, que no se quiere casar. Pues para hacerlo en su tribu, su novio  tiene que comprarla por cuatro vacas. Ella pasaría a su propiedad. Y si se quisiera marchar, además de un divorcio legal, necesitaría auto-comprarse por seis vacas. Y eso es mucho interés a pagar… (¿Pero qué qué..???????????????)

Poco a poco esas cosillas me van afectando personalmente y eso es otra historia. Vas llegando a cualquier ventanilla, todas pobladas con chupatintas anónimos. Y ahí ya, me salen mis instintos primitivos, mis costumbres tribales y mi mala leche ancestral. Esto es más o menos, un ejemplo de los diálogos para besugos que suelo mantener. Algunas cosas las digo, y otras se me pasan por la cabeza:
·         Lupita: Necesito hacer el trámite X, por favor.
·         Chupatintas: Si, señora. Pasaporte, padrón, blablablá, y si esta vd. casada, me da el certificado de matrimonio y la autorización por escrito de su marido para realizar el trámite.
Primer cortocircuito cerebral…y  me empiezan los tics nerviosos.
·         Lupita: ¿Mandeeeeee? ¿Autorización? ¿Marido? Yo no necesito que me autorice nadie, señor. ¿No se ha enterado que ya hay igualdad de razas, sexos y creencias en este país?
·         Chupatintas: Si, si. Todos somos iguales, pero necesita permiso de su marido, que son nuestras costumbres.
·         Lupita: Eso es ilegal.(Ristra-de-improperios-en-espanol-nomejodas-incluido). Y  además, en mi tribu no se hacen las cosas así. Que le dé a usted permiso su cónyuge y a mí no me maree.
Mirada atónita del tip@
·         Chupatintas: Sin autorización,  no hay trámite. ¿De qué tribu es usted? (pregunta verídica, por cierto)
·         Lupita: Del matriarcado Marcos-Rubio, de Navalmoral de la Mata, oiga. A me autorizo yo misma por decreto materno. Y  si quiere, viene mi  madre  a soltarle una leche que se va a quedar usted tieso para demostrarle su supremacía femenina.  Y mis tres hermanas bailaran sobre su tumba.
·         Chupatintas: Si no hay autorización, no hay trámite. Las mujeres necesitan permiso del esposo o padre.
·         Lupita: AAAJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJ – Mordiéndome la lengua para no decirle  primitivamente hablando: ¡A que le doy un tetazo y le dejo bizco! ¡Que tengo una talla C nada desdeñable!

De ahí, paso a soltar un discurso sobre la revolución femenina y la igualdad de sexos. Le sigue otra ristra de improperios en todos los idiomas que conozco. Si además, la de la ventanilla es mujer le pego la charla de que cómo ella puede participar en este sistema opresivo. Suelo zanjar la conversación con una salida en estampida para volver media hora más tarde con una autorización que me he fabricado yo misma a la vuelta de la esquina.

Manda huevos… Nunca mejor dicho.

Podéis seguir a Lupita en su blog: cronicaspretorianas.blogspot.com

Desde femeníname damos las gracias a Lupita por ofrecernos desinteresadamente su humor en estos tiempos que corren!!

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